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Las temperaturas máximas en Lanzarote oscilan entre 22º y 25º, las mínimas no descienden de 12º en invierno y la media de precipitaciones es de unos 200 ml anuales. La precipitaciones oscilan entre los 250 mm en Famara a tan sólo 50 ml en la zona de la Costa del Rubicón. El clima es mucho más templado de lo que correspondería por su latitud geográfica. Hay dos elementos climáticos que determinan la benignidad atmosférica: los alisios y la corriente fría de Canarias. El viento es prácticamente permanente en la isla. En los meses de verano pueden presentarse tormentas de viento con arena procedentes del desierto o siroco (también llamado calima en Canarias), con temperaturas de hasta 46º (2004) y visibilidad muy reducida.
Lanzarote está inmersa en la zona climática cálida y seca que se corresponde con su latitud, incluida en el cinturón de altas presiones subtropicales. Su clima es subdesértico, se caracteriza por tener un régimen pluviométrico escaso (pluviosidad < 200 mmlm2 anuales), atribuible fundamentalmente a la especial orografía de la isla, ya que su escasa altura impide la retención de la humedad que contienen los vientos alisios, con excepción de las zonas más altas (Los Ajaches y los Riscos de Famara. Esta característica impide la existencia de lluvias orográficas, tan abundantes en las islas occidentales, ya que no existen obstáculos montañosos de envergadura que puedan detener el llamado «mar de nubes».
La isla esta poblada desde hace al menos dos milenios. Los habitantes de la isla se conocen genéricamente como mahos o mahoreros, siendo estos un pueblo bereber. La hipótesis más probable sobre el poblamiento de la isla apunta a oleadas migratorias sucesivas desde el norte de África. El nombre original de la isla es Tyterogakat o "Tytheroygatra", que se ha traducido como la quemada empleando un topónimo geográfico bereber tuareg de Argelia central.
Las descripciones que hicieron los primeros europeos que visitaron la isla en la Baja Edad Media hablan de hombres de raza blanca, altos, musculosos, de gran belleza, y había muchos rubios entre ellos...., si bien estas descripciones ofrecían una visión bastante idealizada de los habitantes de la isla. Los datos que se conocen de los aborígenes de la isla son indirectos y poco fiables.
La fuente documental más importante es “Le Canarien”, el relato escrito por los capellanes domésticos de los franco normandos Juan de Bethencourt y Gadifer de la Salle durante la invasión de la isla en 1402. Aunque existen algunas inscripciones aborígenes con una escritura tifinagh, éstas no han podido ser traducidas. Las fuentes arqueológicas son imprescindibles para lograr un mayor conocimiento acerca de estas sociedades.
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